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Mixquic, el pueblo que despierta una vez al año

Entre flores, velas y visitantes, un perro callejero descansa en el panteón de Mixquic durante las ofrendas. Foto: Ángel Rivera / Sólo un aspirante a periodista

Por: Ángel Rivera


Existe un pequeño pueblo donde la muerte deja de ser tabú y se convierte en luz. Mixquic, en la alcaldía Tláhuac, de Ciudad de México, una vez al año, y solo por tres días, vive y espera a sus difuntos con altares; flores, luces, velas, recuerdos y ofrendas multicolor. Es un ritual que cada noviembre convoca a miles de creyentes y escépticos, y que es registrado por los noticieros, redes sociales e itinerarios turísticos; un ritual que México presume al mundo. Sin embargo, tras el paso de las cámaras, visitantes y apagado de velas, Mixquic vuelve al olvido de la memoria colectiva, en espera del siguiente año. 


Desde fuera parece un destino turístico consolidado; desde dentro es una comunidad que vive con intermitencia. Mixquic recibe una concentración extraordinaria de visitantes tres días al año, pero el resto del tiempo enfrenta un turismo bajo. Casi nadie piensa en Mixquic en abril o en julio. Y un factor clave está en algo mucho más cotidiano: llegar hasta allí es complicado.


Para quienes viven en las alcaldías más céntricas de la capital (Coyoacán, Miguel Hidalgo, Cuauhtémoc, Benito Juárez, etc.), Mixquic no es un destino accesible. Desde la terminal de la línea 12 del metro —Tláhuac— el viaje en camión, combi o RTP puede tomar hasta una hora y media. En auto particular, las opciones no son mejores: Avenida Tláhuac congestionada, el rodeo por Chalco o el camino angosto por la carretera de Milpa Alta. Conforme uno se acerca al pueblo, las vialidades se reducen a un solo carril y el tránsito se vuelve lento. Un turista espontáneo difícilmente se anima a hacer un trayecto así un domingo cualquiera. Esa dificultad de acceso contribuye a que Mixquic sea visitado casi exclusivamente en una fecha que justifica el trayecto.

Tiempo estimado de traslado (una hora con 45 minutos) en auto desde el centro histórico hacia Mixquic, según Google Maps. Captura: Ángel Rivera / Sólo un aspirante a periodista
Tiempo estimado de traslado (una hora con 40 minutos) en auto desde Ciudad Universitaria hacia Mixquic, según Google Maps. Captura: Ángel Rivera / Sólo un aspirante a periodista

 Tiempo estimado de traslado (una hora con 20 a 40 minutos) en transporte público desde Metro Tláhuac hacia Mixquic, según Google Maps. Captura: Ángel Rivera / Sólo un aspirante a periodista




A pesar de estas dificultades, durante Día de Muertos la asistencia se dispara. En 2023 la alcaldía Tláhuac reportó cifras históricas de hasta 120 mil visitantes, y aunque no hay un desglose claro solo para Mixquic, el director de Fomento Económico, Armando Martínez Cadena, declaró para UNOTV que el pueblo esperaba recibir hasta dos millones de visitantes entre el 31 de octubre y el 2 de noviembre (Aún no hay cifras oficiales para 2025). Esa concentración masiva contrasta con los meses en que las calles están casi vacías de turistas.


Aun así, la comunidad intenta romper esa dependencia de noviembre. Según una nota de La Prensa, a inicios de octubre de 2025, 15 cooperativas sociales —nueve encabezadas por mujeres de Mixquic— se fortalecieron, y se financiaron tres nuevas con 800 mil pesos cada una. Son mujeres quienes impulsan nuevas trajineras, recorridos en cuerpos de agua, actividades en chinampas y turismo de naturaleza. Son proyectos que buscan diversificar una economía históricamente sostenida por el peso cultural del Día de Muertos, pero que rara vez logra tener flujo constante el resto del año.


El contraste es evidente: un pueblo capaz de recibir a miles de visitantes en tres días, pero casi invisible durante los otros meses. Y surge la pregunta sobre si es sostenible que una comunidad viva económicamente de un solo evento anual.


No existen datos oficiales que midan con precisión cuánto ingresa a Mixquic durante Día de Muertos frente al resto del año. Ni cuántos visitantes llegan en temporada baja. Eso ya revela un problema: ni siquiera se mide aquello que podría servir para construir una estrategia turística sólida. Para saberlo, habría que escuchar directamente a los habitantes: comerciantes, artesanos, cooperativas, familias que dependen de la temporada. Ellos pueden responder si de verdad Mixquic tiene vida turística fuera de noviembre o si, como se intuye, la economía se apaga junto con las velas del panteón.


Lo que sí existe es la voz de la comunidad. Durante mi visita, el sacerdote de la iglesia hizo un llamado inesperado: “Mixquic tiene mucho más que ofrecer que el Día de Muertos”, también lamentó que los medios solo se acuerden del pueblo una vez al año. 


En el mercado, la comerciante de flores María Helena Martínez dice lo mismo desde otra trinchera: “En Día de Muertos viene demasiada gente, sobre todo extranjeros; el resto del año, solo fines de semana llegan personas de pueblos vecinos a desayunar”. Cree que Mixquic podría sostener otras festividades y proyectos —como los intentos de ecoturismo en chinampas y sembradíos—, pero acusa que la difusión ha sido mínima y que la alcaldía “limita mucho al pueblo” y le ha restado autonomía.

María Helena Martínez, comerciante de flores en el mercado de Mixquic. Foto: Ángel Rivera / Sólo un aspirante a periodista

Myrna Martínez, habitante de Mixquic, ofrece otra perspectiva histórica. Recuerda que, cuando era niña, sí llegaban extranjeros, pero venían a investigar las tradiciones; no era un turismo masivo. “Eso cambió. Ahora solo es turismo en masa”. Fuera de noviembre, afirma, el pueblo vuelve a quedar en silencio: tranquilo para la comunidad, invisible para los visitantes. Aun así, reconoce que muchas familias logran aprovechar la temporada y obtener ingresos importantes, y está convencida de que Mixquic podría atraer más gente durante todo el año si hubiera proyectos sólidos de la alcaldía. Pero también señala un obstáculo que no depende de ellos: la lejanía y el acceso difícil siguen alejando a los visitantes.


No escribo para lamentar el abandono ni para idealizar un destino oculto. Lo escribo porque Mixquic es más que la postal de noviembre. Las voces revelan que hay un pueblo vivo detrás de las imágenes virales, con necesidades reales, proyectos propios y una identidad que existe los 365 días. Si somos capaces de celebrarlo por su tradición, también deberíamos interesarnos por su cotidianidad, por aquello que sucede cuando no hay fotógrafos buscando “la toma perfecta”.


Mixquic no debería existir solo para Día de Muertos. Son las autoridades y encargados de turismo en la alcaldía —en diálogo con la comunidad— quienes deben impulsar formas de honrar y fortalecer al pueblo más allá de noviembre: mejorar la difusión turística, invertir en infraestructura y facilitar el acceso tanto en transporte público como particular. Es necesario mirar a Mixquic incluso cuando no hay algo “especial” que ver, porque su valor no depende de una fecha. Incluso sin la fiesta, sigue siendo un pueblo que tiene algo que decir.


Panteón de Mixquic, a un mes del alumbrado del 2 de noviembre. Foto: Ángel Rivera / Sólo un aspirante a periodista


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